jueves, 22 de noviembre de 2007

COTIDIANIDAD E INAUTENTICIDAD


COTIDIANIDAD E INAUTENTICIDAD

Reflexionemos sobre nuestra vida en el colegio. Ella se desenvuelve dentro de una determinada organización en la que el tiempo (horario) está distribuido en una serie de actividades: clases, juegos, etc. Y se imponen, por medio del reglamento, unos comportamientos específicos. Año tras año hemos ido pasando una serie de materias: ciencias. Español, matemáticas, etc. Los profesores nos han ido inculcando un cúmulo de conocimientos, de valores y actitudes.

Pero todo ha sido tan rápido que después de los años no hemos tenido tiempo ni ocasión para pensar acerca del sentido de todo lo que hemos aprendido y estuvimos haciendo.

Algo similar sucede fuera del colegio. Nuestra vida pasa distraída en medio de un conjunto de lugares comunes: cine, estudio, deportes, diversiones.

Nuestras actitudes superficiales y profundas, nuestros deseos y pensamientos no son más que reflejos incoherentes del ambiente social y cultural que nos formó durante tantos años de contacto con la familia, el colegio, las pandillas, el cine, la televisión.

Este es el mundo de lo cotidiano. Por cotidiano entendemos aquello que hacemos a diario, lo que nos es familiar, lo que nos hemos acostumbrado a hacer, lo que repetimos, lo que tradicionalmente hemos aceptado.

El aspecto reiterativo de las cosas diarias nos familiariza con el mundo práctico, con el mundo de las evidencias que van constituyendo el lugar de la opinión y del sentido común.

Por otra parte, el aspecto reiterativo engendra la rutina, que va conformando poco a poco un estilo de vida mecánico y carente de sentido. El conjunto de estás rutinas, de estos lugares comunes prefigura el ideal de lo aceptado como normal, lo que comúnmente se dice, se hace, se piensa.

Este es el mundo de la cotidianidad, el mundo de lo dado, que terminamos por aceptar como el único mundo posible, el mundo que debe ser.

La cotidianidad es como una especie de tiranía, de poder impersonal que impone a cada individuo su comportamiento, su modo de pensar, sus gustos, sus protestas. La cotidianidad nos lleva a vivir una vida inauténtica, impersonal, masificada, donde no tienen cabida las decisiones personales.

Seguir y aceptar el curso normal de los acontecimientos, amoldarse al ritmo de la rutina escolar, inmersos totalmente en el presente, preocupándose solo de lo exterior, he ahí los síntomas de una vida inauténtica. Vivir porque sí, mientras pasan los días y los acontecimientos, matando el tiempo libre y aguantando la pesadez de una atmósfera carente de sentido.

Resulta muy triste desperdiciar las energías de los primeros años de la juventud en un transcurrir monótono, sin horizonte y sin futuro, en la perspectiva de una realidad en donde no parece haber más alternativas que seguir pensando y haciendo lo mismo. ¿tendré que aceptar que no soy capaz de asumir conscientemente mi vida?... ¿qué no puedo, por encima de los acontecimientos, decidir por mi mismo mi futuro y destino?

1 comentario:

mercedes001 dijo...

y es como si hubieramos pensado lo mismo, al mismo tiempo...