sábado, 24 de noviembre de 2007

Vida y Filosofia



Hemos partido del análisis de la cotidianidad, que puede vivirse en una doble forma: inauténtica y autentica. Vemos que la vida autentica genera una actitud lúcida frente a la realidad. La llamamos criticidad: dimensión constitutiva del ser humano que está abierto siempre a la crítica, al cuestionamiento, a la duda, descubriendo en ella el inicio de un pensar o de una actitud filosófica.

La filosofía surge desde la vida cuando, asumiéndola auténticamente, empezamos a problematizarla, en la medida en que nosotros somos parte de ese cuestionamiento. La filosofía, por tanto, es una reflexión sobre la existencia, un pensar crítico que va más allá de lo cotidiano y de las apariencias.

El suelo nutricio del filosofar es básicamente la vida, la realidad misma asumida por el preguntar privilegiado del ser humano capaz de reflexión sobre sí y sobre lo que le rodea. Quien saliéndose de lo cotidiano se atreve a preguntar tendrá que habérselas necesariamente con la filosofía, con esa actividad que permite al ser humano acceder a lo verdaderamente humano, al trasfondo de los grandes porqués y paraqués.

El carácter problemático de la existencia humana constituye el piso y el punto de partida de un pensamiento crítico que desinstala y rompe el marco rutinario de la vida cotidiana. Pero si nos contentamos solo con vivir y ocuparnos de los asuntos prácticos, sin darnos cuenta de que la propia existencia es de sí un problema, no podremos entender que es la vida misma la que suscita el filosofar.

La filosofía es la medida de lo humano, es el hombre mismo puesto en cuestión, es la aventura de atreverse a preguntar en profundidad y radicalidad sabiendo que se desencadena un laberinto de cuestiones en el que es fácil entrar, pero en el que las respuestas son difíciles de hallar, si es que existen como respuestas definitivas.

Sin la filosofía, volvemos a repetir, la vida sería trivial, superficial, un estar en el mundo sin porqués, un idiotismo que priva al individuo del quehacer intelectual. La filosofía así entendida cumple una función básica en la vida del ser humano.

Autenticidad


Ser crítico es tener la capacidad de distanciarse (metodológicamente) frene a lo dado y poder percibir lo que diariamente no podemos percibir en profundidad inmersos como estamos en la apariencia. La crítica nos lleva a un modo nuevo de asumir la vida, en forma auténtica.

Una persona es autentica cuando actúa de acuerdo con lo que ella es y lo que ella piensa. La autenticidad se manifiesta una tendencia y podemos decir como una virtud, como fuerza que nos impulsa permanentemente a realizar lo que debemos hacer. La autenticidad comienza con el distanciamiento crítico frente a lo dado, frente a las evidencias, lo normal, lo cotidiano; por lo tanto la autenticidad no ocurre sin desgarramientos, conflictos o crisis.

La autenticidad es fundamentalmente una búsqueda del sentido de las cosas, un cuestionamiento del mundo aparente y trivial de la cotidianidad; conlleva una forma distinta de asumir la vida que origina posturas diferentes frente a los demás.

Ser autentico no es cuestión de originalidad o ingenio, consiste fundamentalmente en asumir en profundidad nuestra vida. Por la autenticidad nos enfrentamos a nuestra vida y a la realidad circundante con una actitud crítica e inquisitiva. Aquí está el inicio de una actitud filosófica.

Criticidad

En la vida diaria nos encontramos con una serie de situaciones que rompen el “ritmo normal” de los acontecimientos y que fácilmente asimilamos acudiendo a la distinción entre lo normal y lo anormal. De pronto percibimos situaciones imprevistas que se sustraen a la marcha normal de las cosas. todo ocurre como si después de estar tan familiarizados con ciertas cosas y normas, de pronto se nos tornan extrañas y empezamos a dudar de su bondad o conveniencia.

En aquel mundo cotidiano y seguro de los primeros años, todo se torna hostil e inseguro. No se trata sólo de una crisis de juventud sino de algo más profundo: nos desencantamos de la realidad. Acudimos entonces a las “fugas” frente a la realidad: soledad, dueños, alcohol, drogas, pornografía, simple pereza, etc., pues ya no nos llena lo cotidiano cuando surge el “sin sentido de lo normal”.

Dicho proceso acaece dentro de una serie de crisis, fracasos, frustraciones que nos colocan frente a la percepción de lo absurdo e irracional de lo dado.

El orden existente entra en cuestión, en crisis; cuando frente a lo dado, frente a situaciones de hecho, emergen fisuras o desajustes que posibilitan un cambio. La ruptura con el orden cotidiano posibilita la crítica: ¿por qué esta situación y no otra? Del cuestionamiento de los esquemas habituales del mundo cotidiano surge la crítica como una forma nueva de ver y pensar la realidad, crítica que todo lo cuestiona y lo desinstala, que desea saber las causas y las conexiones racionales de todo.

Ser crítico es tener la capacidad de distanciarse (metodológicamente) frene a lo dado y poder percibir lo que diariamente no podemos percibir en profundidad inmersos como estamos en la apariencia. La crítica nos lleva a un modo nuevo de asumir la vida, en forma auténtica.

¿Para qué la filosofía?


Que una joven de 15 años de edad, estudie filosofía, “que oso”, que un joven de 17 años lea filosofía, “nada que ver”. Sin embargo ésta es una fotografía mal captada de los filósofos. La filosofía esta en todo lugar que halla una mujer o un hombre. Está donde habitan árboles y piedras, lluvia y amor. Encontrarás filosofía en el romance de dos estudiantes, en los consejos de los abuelos, en los sueños de los adolescentes, en las promesas de los novios, en el regaño de papá, en la paciencia de mamá.

Filosofía es entonces, crear nombres y explicaciones para lo que vemos y no vemos; es creer en la paz; es apostarle a la vida; es rechazar el secuestro; es no aceptar la violencia; es creer en la mirada de Dios; es abrazar la sinceridad de un amigo; es valorar lo que poseo ahora; es la entrada para crecer por dentro; es la ventana inteligente del ser mejores... ¿y cómo somos mejores’, pues con este interrogante estamos haciendo filosofía. Ser mejor es entender qué quiero, cómo lograré lo que quiero y qué quiero querer. Ser mejor es no dejarme manipular, ni por el mercado de moda, ni por el consumo de drogas, ni por otra persona. Cuando soy autentico y no copio, soy mejor.

jueves, 22 de noviembre de 2007

COTIDIANIDAD E INAUTENTICIDAD


COTIDIANIDAD E INAUTENTICIDAD

Reflexionemos sobre nuestra vida en el colegio. Ella se desenvuelve dentro de una determinada organización en la que el tiempo (horario) está distribuido en una serie de actividades: clases, juegos, etc. Y se imponen, por medio del reglamento, unos comportamientos específicos. Año tras año hemos ido pasando una serie de materias: ciencias. Español, matemáticas, etc. Los profesores nos han ido inculcando un cúmulo de conocimientos, de valores y actitudes.

Pero todo ha sido tan rápido que después de los años no hemos tenido tiempo ni ocasión para pensar acerca del sentido de todo lo que hemos aprendido y estuvimos haciendo.

Algo similar sucede fuera del colegio. Nuestra vida pasa distraída en medio de un conjunto de lugares comunes: cine, estudio, deportes, diversiones.

Nuestras actitudes superficiales y profundas, nuestros deseos y pensamientos no son más que reflejos incoherentes del ambiente social y cultural que nos formó durante tantos años de contacto con la familia, el colegio, las pandillas, el cine, la televisión.

Este es el mundo de lo cotidiano. Por cotidiano entendemos aquello que hacemos a diario, lo que nos es familiar, lo que nos hemos acostumbrado a hacer, lo que repetimos, lo que tradicionalmente hemos aceptado.

El aspecto reiterativo de las cosas diarias nos familiariza con el mundo práctico, con el mundo de las evidencias que van constituyendo el lugar de la opinión y del sentido común.

Por otra parte, el aspecto reiterativo engendra la rutina, que va conformando poco a poco un estilo de vida mecánico y carente de sentido. El conjunto de estás rutinas, de estos lugares comunes prefigura el ideal de lo aceptado como normal, lo que comúnmente se dice, se hace, se piensa.

Este es el mundo de la cotidianidad, el mundo de lo dado, que terminamos por aceptar como el único mundo posible, el mundo que debe ser.

La cotidianidad es como una especie de tiranía, de poder impersonal que impone a cada individuo su comportamiento, su modo de pensar, sus gustos, sus protestas. La cotidianidad nos lleva a vivir una vida inauténtica, impersonal, masificada, donde no tienen cabida las decisiones personales.

Seguir y aceptar el curso normal de los acontecimientos, amoldarse al ritmo de la rutina escolar, inmersos totalmente en el presente, preocupándose solo de lo exterior, he ahí los síntomas de una vida inauténtica. Vivir porque sí, mientras pasan los días y los acontecimientos, matando el tiempo libre y aguantando la pesadez de una atmósfera carente de sentido.

Resulta muy triste desperdiciar las energías de los primeros años de la juventud en un transcurrir monótono, sin horizonte y sin futuro, en la perspectiva de una realidad en donde no parece haber más alternativas que seguir pensando y haciendo lo mismo. ¿tendré que aceptar que no soy capaz de asumir conscientemente mi vida?... ¿qué no puedo, por encima de los acontecimientos, decidir por mi mismo mi futuro y destino?